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domingo, 14 de octubre de 2012

INFANCIA EN BLANCO Y NEGRO


Exposición de fotografías "Más que niños" de F. Ontañón.

Sí, los reconozco, no tengo ninguna dificultad para reconocerme en ellos, para que acudan raudas a mi memoria imágenes y recuerdos de aquella España en blanco y negro, aquella escuela monocorde, monótona, de métodos duros y mano dura, de repetición machacona de las tablas de multiplicar y misa obligatoria los domingos; acudíamos al colegio y desde allí, formando fila, callados y disciplinados y tristes nos dirigíamos a la iglesia a escuchar pacientes y resignados la santa misa. Pero ya entonces, a pesar de tanto control y vigilancia, el germen de la rebeldía y el ansia de romper los límites impuestos bullía en nuestras atemorizadas almas, y es así que algunos encontramos la forma de deslizarnos hacia la parte trasera del sacro edificio por las naves laterales para desde allí alcanzar el atrio, donde sentados en un rincón semioculto encendíamos un cigarro que iba pasando de mano en mano hasta que nos sentíamos enfermos y mareados pero felices, un poco más libres.
Antes de salir desde la escuela hacia la iglesia, el maestro pasaba lista. Aquellos que no se habían presentado recibían algunos contundentes sopapos además del correspondiente castigo y la general reprobación el lunes por la mañana. Todo transcurría en un ambiente de prohibiciones, de obligaciones ineludibles, de múltiples y variados temores. La regla generalmente aceptada era esa tan conocida de que la letra con sangre entra, aunque no sólo la letra, la disciplina, la religión impuesta, la historia vilmente contada y tergiversada, la épica y altisonante y ramplona poesía de los vencedores, la noción y el concepto de patria por encima de los conceptos de persona y de dignidad...
Aún así leímos a los poetas prohibidos, accedimos a los libros que sin dudar hubieran quemado, llegamos a amar más la libertad que aquel destino de peones silenciosos y obedientes que los salvadores habían diseñado para nosotros.
¿Para qué entonces tantos años de sufrimiento, tantos años de infancia y escuela en banco y negro?

jueves, 27 de septiembre de 2012

LA PIÑATA



Leí un artículo en la prensa acerca de cómo estamos educando a nuestros hijos. Utilizaba el autor dos ejemplos o figuras que venían a mostrar el nefasto camino por el que nos adentramos o más bien les adentramos a ellos: las piñatas de cumpleaños, con todos esos niños empujándose, disputando, tironeando, peleando por alcanzar el botín, por agarrar más golosinas que los demás.
Y también recurría para mostrar hacia donde vamos al ejemplo del desaforado consumo que tiene lugar en fechas navideñas. Así que nuestros niños y niñas están asumiendo firme y continuadamente ese objetivo de “agarrar” y “llevarse cosas” cuya imagen es la lucha sin cuartel bajo la piñata, es decir, traducido a conceptos o valores obtener provecho pasando por encima de los otros, competencia feroz y sálvese quien pueda. Y además en relación al ejemplo del consumo navideño la absurda inclinación a consumir, sea o no sea necesario, consumir como única posibilidad de ser feliz y ser alguien.
Me consuela saber que mi hijo obtiene tiene poco éxito en las piñatas, la verdad es que es muy poco competitivo, aunque quizás tiene demasiadas cosas, más de las que realmente necesita, y de eso somos culpables su madre y yo. Espero que podamos poco a poco enseñarle que la verdadera felicidad no está en tener muchas cosas sino en sacar mucho partido a las que uno tenga: intensidad mejor que cantidad. Más o menos.

lunes, 17 de septiembre de 2012



Mi hijo propone que hagamos un avión de cartón, un avión que realmente vuele y pueda llevarnos a los dos a la Luna. Su madre no vendría con nosotros porque volar le produce un insuperable miedo (no creo que más que el que me produce a mi). En principio quería construir el avión con papel, y ponía énfasis en hacer antes que nada las ruedas, unas ruedas muy grandes que en su cabeza eran la pieza clave del avión, lo que en realidad nos permitiría despegar y mantenernos en el aire. Yo le dije, así medio distraído, que mejor sería utilizar cartón que era más consistente y sólido que el papel. Aceptó después de considerarlo un rato y plantear algunas dudas que yo enfrenté con mis mejores argumentos. Más tarde pensó en un mechero para que hiciera las veces de motor del avión.Viendo que yo no estaba muy convencido de la bondad de este tipo de motor, imaginó que el cargador de un teléfono móvil conectado a un enchufe podría servir. No quise argumentarle que íbamos a necesitar un cable excesivamente largo, así que en eso hemos quedado.
Viendo que los dos últimos días anda buscando cartones por todas partes y no para de solicitar mi ayuda para construir el avión, me he visto obligado a decirle que de ninguna forma conseguiremos construir un avión que realmente vuele con nosotros encima, que hacer un avión de verdad es algo muy complicado y para ello se necesita una fábrica, muchos obreros, ingenieros, técnicos, especialistas, etc.
No he podido hacerle olvidar su proyecto. Está convencido de poder fabricar un avión de cartón que vuele hasta la Luna. De la Luna nos traeremos piedras y cualquier otro tesoro que podamos encontrar allí. En el camino de vuelta cogeremos tres estrellas, una para él, otra para su madre y otra para mi. ¿Y qué haremos con las estrellas?, le pregunto. ¿Pero no lo adivinas?, me dice incrédulo. Esas estrellas nos concederán todos nuestros deseos. Seremos felices para siempre.

lunes, 25 de junio de 2012

MIS VALORES



YO QUIERO TRANSMITIR A MIS ALUMNOS LA IDEA DE QUE EN LA VIDA HAY QUE COMPROMETERSE, HAY QUE AYUDAR A QUIEN LO NECESITA, NO DEBEMOS SER EGOISTAS O PENSAR EXCLUSIVAMENTE EN NUESTRO PROPIO BENEFICIO, Y ESTO YO SÉ QUE ES MUY DIFÍCIL, PUES VIVIMOS EN UNA SOCIEDAD QUE PROMUEVE EL INDIVIDUALISMO, LA IDEA ESA DE “SÁLVESE QUIEN PUEDA Y NO MIRES HACIA ATRÁS MIENTRAS TE OCUPAS DE SALVARTE”. YO NO QUIERO QUE MIS ALUMNOS VEAN ASÍ LAS COSAS, QUIERO QUE SE AYUDEN ENTRE ELLOS, QUE SE PREOCUPEN UNOS DE OTROS, QUE ESTÉN UNIDOS Y TENGAN CONCIENCIA DE GRUPO, QUE SEAN BUENOS COMPAÑEROS.
TAMBIÉN CREO QUE ES MUY IMPORTANTE QUE LOS NIÑOS APRENDAN A APRECIAR LA BELLEZA, QUE SEAN CAPACES DE DISFRUTAR ESCUCHANDO EL ADAGGIO DE ALBINONI O EL CONCIERTO DE ARANJUEZ, QUE SEAN IMAGINATIVOS, CREATIVOS, QUE APRECIEN UNA PINTURA O CUAQUIER OTRA MANIFESTACIÓN ARTÍSTICA.
YO INTENTO QUE MIS NIÑOS PIERDAN EL MIEDO AL PAPEL EN BLANCO, QUIERO QUE A PARTIR DE UN FOLIO EN BLANCO ELLOS DEJEN VOLAR SU MANO Y SU IMAGINACIÓN, QUIERO QUE RESPETEN LO QUE HACEN OTROS COMPAÑEROS, QUIERO QUE SEAN COOPERATIVOS ANTE QUE COMPETITIVOS, QUIERO QUE ENTIENDAN QUE JUNTOS, UNIENDO SUS FUERZAS, PUEDEN HACER GRANDES COSAS.
QUIERO QUE APRENDAN EL VALOR DE LA RISA, DE LA ALEGRÍA, DEL OPTIMISMO.
AHORA, DESPUÉS DE VARIOS MESES JUNTOS, EMPIEZO A SENTIR QUE SOMOS UNA COMUNIDAD, ALGO DISTINTO A LA SIMPLE SUMA DE INDIVIDUOS, SOMOS UN GRUPO HUMANO, CON SUS PROPIAS CARACTERÍSTICAS, CON SUS PUNTOS FUERTES Y DÉBILES.
MUCHO ME INTERESA QUE ESTOS NIÑOS Y NIÑAS EN EL FUTURO, CUANDO SEAN HOMBRES Y MUJERES, SEAN HOMBRES Y MUJERES SIN MIEDO, PUES EL MIEDO ES EL MECANISMO QUE BLOQUEA LA CAPACIDAD DE ACCIÓN DE LAS PERSONAS, EL MIEDO NOS IMPIDE SER DE VERDAD NOSOTROS MISMOS, NOS IMPIDE SER LIBRES.
Y POR SUPUESTO ME GUSTARÍA TRANSMITIRLES EL AMOR POR LA LIBERTAD, ESA LIBERTAD BASADA EN EL RESPETO A UNO MISMO Y A LOS OTROS.
FINALMENTE, Y POR ENCIMA DE TODO, TODOS LOS DÍAS QUISIERA DE ALGUNA MANERA MOSTRARLES QUE SIN AMOR NO SOMOS NADA, EL AMOR POR NUESTROS FAMILIARES, POR NUESTROS AMIGOS Y COMPAÑEROS, POR LOS QUE NOS RODEAN ES LO QUE DA SENTIDO A NUESTRAS VIDAS, ES LO QUE NOS PERMITE AVANZAR Y SER MEJORES:
QUIERO QUE MIS NIÑOS SEAN BUENAS PERSONAS, PERSONAS SOLIDARIAS CON CAPACIDAD DE AMAR Y AYUDAR Y HACER DE ESTE COMPLICADO MUNDO UN LUGAR MEJOR.

martes, 12 de junio de 2012

NIÑOS


Fueron niños quienes pintaron esos coloridos pájaros que atrapados en pequeños cuadritos adornan las paredes de la habitación.
Niños son la materia prima con la que trabajo, esas vidas que se mueven de un punto a otro, ese viaje incierto en el que tengo parte, en el que a veces puedo decidir el rumbo o la velocidad o el naufragio.
Es un niño esta personita que pasa las tardes junto a mi, viendo dibujos en la tele mientras estoy sentado frente al ordenador, haciendo sus tareas escolares, jugando a espadas conmigo mientras ríe de manera contagiosa y se come mi pan (gestos exagerados de comer) y se bebe mi vino (gestos exagerados de beber).
Niño es ese humano bajito y entrañable que todos los días en el recreo me trae una rica tortilla de patatas que guarda apretada en su puño, por el que resbala y cae al suelo un puñado de arena; me como la tortilla (gesto exagerado de comer), y él se me queda mirando satisfecho y corre a traerme otra tortilla.
Es una niña la que ayer mismo cumplía cinco años y sonreía coronada después de pedir un deseo y apagar las velas: no supo o no quiso mantenerlo en secreto y así supimos que su deseo nos implicaba a todos: “Que todos seamos felices”.

lunes, 21 de mayo de 2012

SAPOS, TIJERETAS Y ÉTICA



Uno de esos que llaman “tijeretas” o “cortapichas” (dermápteros), ascendía esta mañana, negro y muy ufano, por la cóncava y blanquísima superficie del lavabo. Abrí el grifo y el agua lo arrastró por el desagüe y puedo jurar que no hubo protesta por su parte ni lamento por la mía.

Luego, en clase, escuchamos la canción de la S, reconocemos el sonido S, descubrimos y escribimos en la pizarra palabras que tienen S. Como sapo. Ezequiel comenta que él un día, en el campo, mató un sapo, y yo le digo a él y a todos los demás que no tenemos que matar a los animales, ni siquiera a los sapos, ni a los saltamontes, ni a los escarabajos...

¿Y a los mosquitos en verano maestro? Eh...bueno, eso es otra cosa.

Interviene entonces Nacho para recordarnos que ahora estamos en primavera, y es en primavera cuando las hembras tienen sus crías, y no debemos molestar ni a las crías ni a las madres.

Dices muy bien Nacho, se nota que tu papá es veterinario, seguro que te cuenta muchas cosas sobre los animales, pero te digo algo más, a mi no me gusta que se maten animales ni siquiera cuando no es primavera, tampoco me gusta que se maten en otoño o en invierno. En verano creo que es lícito matar moscas y mosquitos y algunas que otras sabandijas, pero tampoco estoy muy seguro, las moscas sirven de alimento a pájaros y pequeños roedores...

Por mi parte debo hacer acto de contrición y reconocer que fue mi mano la que empujó a la tijeretilla al abismo insondable del desagüe.

sábado, 12 de mayo de 2012




Poco antes del mediodía Diana se pilló un dedito con las argollas del archivador; se acercó a mi mesa llorando inconsolable, enseñándome la mano, pero yo no conseguía ver el lugar exacto donde se había hecho daño, tenía toda la manita manchada de tinta de rotulador. La consolé como pude y regañé a Abel, que finalmente resultó ser el causante del incidente y que repetía una y otra vez que había cerrado las argollas sin querer. Eso es algo que no se hace sin querer, le dije, y como Diana no dejaba de llorar y me sentía afligido por su dolor, le mandé al rincón sin pensarlo mucho. Ahora, a toro pasado vuelvo a considerarlo y es posible que Abel únicamente pretendiera ayudar a su compañera, a veces esas argollas son verdaderamente duras de cerrar. Pero ni ella dijo nada, ni él intentó justificarse. A veces los niños simplemente admiten lo que pensamos los adultos, quizá porque piensan que nuestra versión debe ser más plausible y verdadera que la que ellos mismos puedan darnos, aunque sea precisamente esa versión la que más se ajuste a la realidad. Mañana hablaré con Abel y Diana, a ver si ya más tranquilos todos averiguamos lo que realmente pasó, si es que pasó algo distinto de un simple y descontrolado impulso por parte de Abel.


Me acuerdo muchas veces de aquella “pedagogía de la mercromina” de la que hablaba una maestra que vino a nuestro colegio a darnos una muy interesante charla: no hay mejor comunicación con un niño que la que nos ofrece la posibilidad de ofrecerle consuelo y alivio cuando sufre algún pequeño percance en sus juegos de patio o en el interior del aula. A veces basta con agacharse para examinar el pequeño rasguño, en ponerle un poquito de agua en ese brazo que dice que le duele, en sentarnos junto a ellos un ratito asegurándoles que pronto pasará el malestar, incluso hacerles algo de esa buena magia en la que ellos creen tan fácilmente.
Claro, que cuando consuelas a uno, tienes que asumir que después vendrán unos cuantos más contándote sus males y exigiendo a su vez sin decirlo otra ración de “pedagogía de la mercromina”