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viernes, 16 de octubre de 2015



RITOS DIVERTIDOS
David nos ha traído un libro muy simpático sobre los ritos de los hombres prehistóricos. David tiene pasión por los dinosaurios y la Prehistoria y sus papás le regalan libros acompañados de juguetes que son reproducciones de la fauna de aquella época. Siempre que tiene uno nuevo lo trae a clase y entre todos lo comentamos y aprendemos un poco más sobre aquel tiempo fabuloso.
El libro que trae hoy trata sobre los ritos que celebraban los primeros hombres, así que me armo de valor e intento darles alguna idea o ideas sobre qué entendemos por rito, en qué se piensa cuando se piensa en ritos. Me doy cuenta de que valiéndome únicamente de palabras no voy a conseguir mi objetivo, así que les propongo jugar, el juego siempre es una buena solución.

“Es de noche, somos un grupo de prehistóricos que habitan cuevas no demasiado confortables pero acogedoras y seguras; llevamos varios días sin cazar y estamos hambrientos y desesperados, así que el jefe de la tribu (que soy yo mismo), propone hacer una danza y ejecutar cantos mágicos para propiciar que al día siguiente nos encontremos un mamut en nuestra trampa para grandes bestias.
Hacemos un corro y bailamos con mucha energía, ritmo y convicción mientras cantamos a voz en grito: MAÑANA, MAÑANA, MAÑANA, UN MAMUT, UN MAMUT, UN MAMUT, CAERÁ EN LA TRAMPA, CAERÁ EN LA TRAMPA, MAMUT, MAMUT, MAMUUUUT…”

Nos hemos puesto todos un poco locos y alborotados, pero estamos muy contentos porque mañana por fin podremos comer carne de mamut. Nuestro rito para favorecer la caza dará resultado. Nos gustan los ritos con resultados a corto plazo. Pero hemos descubierto que si ayudamos al rito con algo de nuestro propio esfuerzo es mucho mejor. Así que si mañana no hay un mamut en la trampa la vamos a cambiar de sitio.

martes, 21 de abril de 2015

SAPO EN PELIGRO



A saber cómo un sapo gordo y feo, quizás incluso repugnante, acaba en un patio de recreo de niños de tres, cuatro y cinco años. En cualquier caso no es, ni mucho menos, lo mejor que le puede pasar a un sapo. Cuando le vi en el suelo, pegado al muro que nos separa de la calle, mantuve la respiración y me quedé quieto, Dios quiera que pase desapercibido y no lo vean, de lo contrario este bicho es bicho muerto, no llega al mediodía, eso seguro. Y no es que los niños sean crueles o alberguen la intención de liquidarlo, nada de eso, lo que pasa es que no controlan sus enormes ganas de jugar y experimentar, y eso no conviene para nada a los sapos despistados que aparecen una mañana, Dios sabe cómo, dentro del recinto de un colegio.
Con mucho disimulo traté de advertir a mis compañeras de vigilancia de patio de la presencia del intruso batracio. Pero fue inútil, los chiquillos parecen tener un instinto especial para percibir estas cosas. En un abrir y cerrar de ojos el sapo estaba completamente rodeado y amenazado por un montón de tiernos infantes. Milagrosamente pudimos mantenerlos a raya y evitar que agarraran al sapo y jugaran con él, lo que sin duda le hubiera resultado fatal. Finalmente pude empujarlo a un recogedor de basura y después de un intento fallido lanzarlo a la calle. Siempre nos quedará la duda de si el animalito salvó la vida o la perdió de todas formas aplastado por la rueda de algún coche. Pero todas las aventuras que merecen la pena ser vividas y contadas se alimentan de incertidumbres, jamás de certezas.