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martes, 21 de diciembre de 2010

MIRANDO HACIA ADELANTE Y TAMBIÉN HACIA ATRÁS


Mañana gélida, las temperaturas se nos han venido abajo, como si el cero absoluto fuera la meta que las mueve. En la fila, gorros de lana, guantes, bufandas, algún que otro impermeable, todavía para hoy daban posibilidad de lluvia. Muchos llegaron tarde, se ve que el frío intenso no favorece abandonar el cálido refugio que es la cama. Pero ya desde pequeños han de aprender que la vida nos obliga a caminar por sendas que a veces, muchas veces por desgracia, son inhóspitas y poco agradables.
Les hace mucha ilusión pasar la hoja del calendario colgado en una esquina de la pizarra: por fin estamos en diciembre, mes por el que caminaremos hasta llegar a la Navidad, mes de villancicos, de fiestas, de ilusiones y acontecimientos divertidos, de adornos y luces en la calle y abrazos y familias reunidas celebrando juntas el hecho de un año más estar juntos.
Nos colocamos frente a la lámina en la que unos niños disfrutan la fiesta de Navidad en el salón de actos de un colegio, acompañados de familiares y maestros; vamos recorriendo las imágenes y nos detenemos en los alumnos que actúan sobre un escenario, en los que ayudan a montar la larga mesa en la que comerán más tarde, en los que contemplan la representación, en el que se queda apartado...
Hacen cábalas y dan sus propias interpretaciones acerca de porqué una nena ríe divertida, porqué aquella otra llora y éste se muestra cabizbajo y triste. La proximidad de la Navidad remueve algo en todos ellos, se muestran excitados, inquietos, deseosos de que los días vuelen y cuanto antes lleguen las fiestas, los árboles con adornos, el momento de escribir la carta para entregarla luego a los carteros reales que visitarán el colegio; cualquier alusión a estos acontecimientos ya tan próximos en el tiempo hace que se pongan nerviosos, que se agiten, que griten, que rían y hablen atropelladamente entre ellos.
Me encanta verles así, tan ilusionados, quizá porque eso me permite revivir con nitidez aquellas Nochebuenas tan magníficas y entrañables que compartí con mis familiares y amigos cuando yo tenía la edad que ahora tienen ellos. Bendita infancia.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

ALGO BUENO TIENEN LOS TORNADOS


Viernes. Empieza como viento. Hablamos del viento, del viento fuerte, de los huracanes, de los tornados. Parece que el tornado “lo chupa todo”, las casas, los árboles, las vacas. Antonio sugiere que algunas vacas, que son absorbidas por el tornado pueden llegar a “cagarse” cuando están en todo lo alto y la “plasta” le cae al dueño que se ha quedado sentado a la puerta del establo. La mierda le chorrea por la cabeza y el rostro y se le escurre hacia el cacharro sobre el que deposita las patatas que está pelando alegremente.
Cuando llega a su casa le da las patatas a su mujer para que las fría, y justo cuando ella va a freírlas, se va la luz. La mujer fríe las papas y las pone en la mesa, sin advertir que estaban llenas de mierda de vaca. Todos se ponen a comer y descubren asombrados que las patatas tienen un sabor distinto, están riquísimas, como rellenas de algo muy bueno. Algo bueno debían tener los tornados.

martes, 23 de noviembre de 2010

Que llueva, que llueva



Nublado y amenazando lluvia. Lo primero que se me ocurre pensar es que hoy probablemente no saldremos al recreo, y esto significa niños de 5 años al borde de un ataque de nervios y maestro desesperado tratando de canalizar todas esa energías acumuladas y a punto de estallar.
Nos hemos sentado frente a la lámina que representa la fiesta de Navidad de un colegio y cómo siempre me han sorprendido con sus interpretaciones acerca de las imágenes y situaciones que les presentamos: casi siempre son más interesantes y divertidas que las que nosotros consideramos lógicas y sensatas; nunca me olvido de aquel niño de ocho años que a la pregunta de qué era un adulto me respondió que “un adulto era algo que estaba al revés”.
Leemos en la pizarra palabras con s y m: suma, sima, masa, mesa...Hacemos frases, escribimos sobre un papel con mayúsculas y sin copiar de la pizarra “Mi mamá me mima”. Algunos omiten letras, otros las descolocan, otros escriben correctamente, pero prácticamente todos consiguen transmitir el mensaje y hacerse entender. Hacernos entender, entender a los otros, ahí está una de las claves. Con letras, con dibujos, con gestos, con omisiones y sustituciones, con nuestros medios.
Justo cuando salimos al patio, como tantas veces, empieza a llover. Vuelta a clase, a los juegos de mesa, a la plastilina, a colorear, recortar y pegar, a la cocinita y las enormes torres que uno no se explica como se mantienen en pie. Pero los más inquietos no pueden evitar correr, saltar, alborotar y ponerlo todo patas arribas: día de lluvia, día de esos en que acabas subiéndote por las paredes.
Siempre digo los mismo: que llueva, que llueva, todo lo que haga falta, pero por favor, a partir de las dos de la tarde.